Rolando Lovera: víctima de una injusticia premeditada para no quedar “mal”
Quienes a lo largo de estos años contamos lo que había en el expediente, donde quedaron expuestas las mentiras de Victoria Aguirre, fuimos atacados por el colectivo feminista. La nueva sentencia que confirma que Rolando Lovera no es un asesino, tampoco es motivo de festejo personal ni decir tenía razón. La tragedia de Selene, de Rolando y su familia, anula cualquier celebración
Te propongo un ejercicio macabro: imaginate que pasás un día preso, hacinado entre asesinos, violadores, lo peor de la sociedad. El miedo, las amenazas, el insomnio. A eso sumale que sos inocente. Te golpean, te roban.
Pensá entonces lo que padeció Rolando Lovera, que estuvo 3042 días preso por un delito que no cometió. Fueron 8 años y 4 meses privado de su libertad. Y no por cualquier crimen, sino el peor de todos: el homicidio de una pequeña discapacitada, para lo cual supuestamente tuvo secuestrada a su mamá.
11 años después del hecho -a 9 del juicio donde lo condenaron a 19 años de cárcel-, finalmente otro tribunal decidió que no es un asesino. Hoy, a sus 42 años, la justicia dictaminó que Rolando no quiso matar a Selene Aguirre.
¿Quién la paga los 3042 días que estuvo preso injustamente? ¿Quién repara el daño moral, social y hasta físico que implicaron esos 8 años y 4 meses tras las rejas?
Seguro que Azucena García de González, Jorge Erasmo Villalba y Graciela Heppner (integrantes del tribunal que lo condenó) no van a pagar.

Lo peor de todo es que tremenda injusticia se pudo haber evitado, ya que en el juicio quedó plasmado que la madre de Selene mintió al ponerse en el rol de víctima. Pruebas, testigos y peritos la desmintieron.
Recuerdo cuando se exhibió un video de las horas previas al fallecimiento de Selene donde se la ve a Victoria Aguirre llegando sola con la nena al trabajo de Rolando. No estaba secuestrada como dijo.
Los que asistimos al debate pensamos “ya está…”, pero no. Por la presión de los colectivos feministas había demonizar y condenar al hombre y salvar a la mujer. Y así pasó.
Rolando Lovera fue condenado para no quedar “mal” con cierto sector que pedía eso, atizado por algunos medios que ni idea tenían del expediente.

Escribo estas líneas en primera persona porque estuve ahí y lo padecí, como lo padecieron la fiscal Estela Salguero y al defensor Martín Moreira.
A mí también, por redes sociales, me hostigaron y acusaron de machista, misógino y hasta de coimero por contar lo que había en el expediente y lo que fuimos sabiendo en el juicio: Victoria Aguirre mintió, se victimizó y acusó falsamente a un inocente, como ahora ratificó la justicia (un tribunal compuesto por Horacio Paniagua, David Milicich y el subrogante Gerardo Casco).
En lo personal, entiendo aquellas presiones como gajes del oficio: el periodista cuenta lo que pasa y nunca queda bien con todos. Son las reglas del juego y hay que estar preparado.
La nueva sentencia tampoco es un motivo de festejo ni para decir tenía razón al exponer las mentiras de Victoria Aguirre. Es un episodio demasiado triste para celebrar algo. Tanto por la tragedia de Selene, como también por Rolando y su familia, las víctimas de esta historia de injusticia.
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