Desde Buenos Aires, un hombre alertó del riesgo que correría su hija de 13 años en Oberá
La distancia se convirtió en el peor enemigo de Gerardo Báez. A mil kilómetros de su hija de 13 años -que vive en Oberá-, el hombre asegura vivir pendiente de cada mensaje que llega a su teléfono, convencido de que detrás de las palabras de la adolescente podría esconderse una situación mucho más grave de lo que hasta ahora logró denunciar ante la Justicia.
Hace seis meses, tras separarse de su esposa, Báez dejó de convivir con sus hijos. Según afirma, su ex pareja le impedía mantener contacto con ellos y, mientras intentaba rearmar su vida, aceptó trasladarse a la provincia de Buenos Aires en busca de trabajo. Fue allí donde comenzó a recibir mensajes de la menor que, poco a poco, encendieron todas las alarmas.
De acuerdo con la denuncia, la adolescente le manifestó sentirse incómoda por la presencia de la nueva pareja de su madre dentro de la vivienda. Uno de los relatos que más preocupó al padre fue cuando la joven le contó que, mientras estaba acostada en su habitación, observó al hombre parado frente a la puerta, una situación que le generó temor y que decidió compartir con él.

Lejos de encontrar respuestas, Báez optó por comunicarse directamente con el señalado. El intercambio, según consta en la denuncia, derivó rápidamente en insultos y amenazas. Incluso, presentó ante los investigadores una captura de pantalla de una conversación en la que Jonathan M. le advertía que, si llegaban a cruzarse, lo iba a hacer «boleta».

Con esos elementos, el pasado 28 de mayo el hombre se presentó en una dependencia policial de Laferrere para formalizar la denuncia. En su declaración dejó asentadas las manifestaciones de su hija, las amenazas recibidas y su preocupación por la seguridad de la adolescente.
«Lo que más me desespera es que estoy lejos y no tengo a nadie que pueda cuidarla o estar con ella», expresó Báez en diálogo con este medio, al describir la angustia que atraviesa mientras espera una respuesta judicial.
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