Asesinó a su mamá y luego a una menor, ya cumplió la pena, pero sigue preso en la cárcel de Oberá y pide una nueva oportunidad

Domingo Jesús Penteado, apodado «la bestia misionera» está preso desde hace más de 27 años, ya cumplió la pena impuesta y anhela recuperar la libertad. “Cada día le pido a Dios que me perdone porque estoy arrepentido de todo”, aseguró en la primera entrevista que concedió

Fue detenido el 7 de mayo de 1995 y lleva preso un total de 10.024 días consecutivos. Pero si se suma lo que purgó por un hecho previo -nada más y nada menos que el homicidio de su madre-, la cuenta indica que ya pasó 35 años tras las rejas: más de la mitad de su vida preso.


Domingo Jesús Penteado, de 66 años, aceptó por primera vez charlar con un periodista y se mostró arrepentido de sus crímenes.

Conversando con él y las autoridades carcelarias, queda claro que es un hombre en edad de jubilarse que sigue muy activo y trabajando en diversas tareas, siempre colaborador y de excelente conducta, según los registros internos.

El año pasado fue noticia porque se contagió de Covid-19 y permaneció internado en el Hospital Samic de Oberá. Se recuperó y volvió a contraer el virus, pero ya sin tantas complicaciones.

“La primera vez estuve internado casi dos meses y veía morir gente al lado mío. También dos o tres veces largaron el comentario que me morí, pero acá sigo”, comentó.

La entrevista se concretó en la Unidad Penal Dos de Oberá, tras la correspondiente autorización del Tribunal Penal Uno y del Servicio Penitenciario Provincial (SPP).

Penteado purga condena por el homicidio de Norma Esther Sequeira, de apenas 16 años, perpetrado en San Vicente el 22 de abril de 1995.

Fue sentenciado a prisión perpetua por el antiguo régimen de 25 años, por lo que en 2010 estaba en condiciones de acceder a salidas transitorias y en 2015 a la libertad condicional, aunque la justicia nunca autorizó que salga.  

Tampoco se puede soslayar un dato que sin dudas gravita en la decisión del Tribunal a cargo: antes de asesinar a la menor, Penteado mató a su mamá, hecho por el que sólo purgó siete años y medio y recuperó la libertad.

Penteado concedió por primera vez una entrevista y contó su verdad

“Pagué y sigo pagando”

Por los crímenes que lo preceden lo apodaron “la bestia misionera”, aunque en la cárcel es conocido como “el viejo”, ya que es el preso más longevo.

Además de pedir una oportunidad para volver a reinsertarse en la sociedad -una de las premisas del sistema penitenciario-, Penteado expresó su arrepentimiento por los hechos cometidos y reconoció que “todos los días rezo por el perdón de mis pecados”.

“Cómo no voy a estar arrepentido, Dios mío. Y cada día le pido a Dios que me perdone porque estoy arrepentido de todo”, subrayó con gesto apesadumbrado.

Lejos de justificar sus actos, mencionó que el alcohol tuvo una gran incidencia en su proceder, por lo que también destacó que nunca más tomó.

“Uno a veces se pasa tomando y la junta o la mala amistad lo arrastra por el mal camino. Después uno se arrepiente tarde y tiene que pagar, y yo ya pagué y sigo pagando. Y el arrepentimiento será hasta el último día”, subrayó.

Contó que asiste al culto evangélico y se aferra a la fe, por eso en la charla nombró varias veces a Dios como su sostén en el día a día.

“Si Dios me da la posibilidad de salir de acá con vida, bien; pero si tiene otra cosa para mí, también. Acá fueron muriendo muchos, pero yo le voy piloteando. Soy sano y tengo ganas de trabajar. Y espero que Dios me ayude porque ya me queda poco hilo en el carretel, pero pienso hacer mi jubilación; conseguir un lente porque veo poco y arreglar los dientes, lo que un pobre necesita”, enumeró.

Legalmente, la sentencia de Penteado se cumplió el 7 de mayo de 2020, pero tampoco salió.

“Fuimos muchas veces al psiquiatra, pero faltaba un domicilio y cuando conseguía, había que ir otra vez al psiquiatra porque ya habían pasado seis meses. Así varias veces. Después vino el Covid y se frenó todo. Pero no pierdo la esperanza”, subrayó.

Estudio y trabajo

Contó que nació el 22 de abril de 1956 en Invernada, localidad de Itacaruaré. Tuvo un hermano y una hermana, y en su infancia asistió sólo hasta cuarto grado porque tenía que trabajar para ayudar en su casa.

Con cierto orgullo mencionó que terminó la primaria en la cárcel, donde también realizó el curso de carpintería y aprendió a confeccionar artesanías con diferentes materiales, como ser escudos de equipos de fútbol, barquitos y bolsos, entre otras cosas.

Incluso, los productos de Penteado y demás reclusos son exhibidos para la venta en el stand que el Servicio Penitenciario dispone todos los años en la Fiesta Nacional del Inmigrante que se realiza en el Parque de las Naciones.

“También trabajo en la huerta, macheteamos, carpimos, hacemos mantenimiento. Lo que aparece para hacer, hacemos. Trabajé en la panadería y durante diez años estuve en la cocina. Nunca dejé de trabajar, y el tiempito que me sobra uso para mis artesanías”, precisó. 

Recordó que años atrás realizó tareas fuera de la cárcel y nunca tuvo inconvenientes, aunque sí hubo sanciones para quien entonces era el director y otros funcionarios, ya que se probó que sacaban a varios presos sin autorización del Tribunal para tareas en beneficio propio.

“Hubo un problema por eso, pero yo no ni sabía y cumplí con todo lo mío. Nunca se me ocurrió de tomar, pelear o fugarme”, destacó.

En tal sentido, aseguró: “Aprendí que donde termina el derecho de uno sigue el derecho del otro, por eso nunca fui sancionado ni fui a ‘la pelada’ (la celda de castigo). Siempre traté de vivir lo mejor posible y respetando desde el más grande al más chico. Siempre traté de evitar los problemas. Y me gusta hablar con una persona que me supere en sabiduría, porque así yo aprendo algo”.

Se mostró arrepentido de sus crímenes

“Mi familia me perdonó”

Penteado mencionó que los presos se enteran de todo lo que sucede del otro lado de los  muros porque escuchan radio, cada tanto reciben algún diario y, sobre todo, leen noticias por internet ya que el uso de celulares está autorizado con horarios estipulados.

“Pero yo no tengo celular porque no entiendo eso”, comentó más distendido, aunque sus compañeros le cuentan las novedades y también cada vez que su nombre sale en los medios.

Claro que reniega del apodo que le pusieron afuera, pero aseguró que no le guarda rencor a nadie.

“Voy con mi razón y con mi conducta, con el buen concepto que tengo acá. Si veo que por acá está feo, agarro por allá y así no tengo problemas. Gracias a Dios vivo más trabajando que encerrado y nunca di motivos para que nadie me maltrate. Con el personal me llevo bien porque sé comportarme y respetar a todos”, reflexionó.

Uno de los requerimientos imprescindibles para que cualquier persona pueda reinsertarse en la sociedad es tener un domicilio, cuestión que desde el propio Tribunal mencionaron que Penteado tendría resuelto por la ayuda de su hermano que se ofreció para albergarlo en su chacra.

“Mi hermano, mi cuñada y mi sobrino siempre vienen y me traen cosas. Mi familia me perdonó y está dispuesta a darme la mano que necesito. Yo cumplí con mi pena y lo único que pido es una oportunidad para demostrar que puedo trabajar y respetar afuera. Prometo caminar bien y no fallar, y le pido a Dios que me den la oportunidad”, insistió.

Antes de la despedida contó que toda la semana estuvo trabajando en la chacra del penal con otros compañeros, labor que realiza con entusiasmo y además es el cocinero del grupo.

Pero el último jueves cambió de rutina y se vistió con sus mejores ropas para asistir a la primera entrevista que concedió en su vida. Domingo Jesús Penteado, “el viejo”, contó su verdad y el sueño que le queda.

Diego Correa, director de la cárcel de Oberá: “Penteado es un excelente interno”

Cuando se afirma que Domingo Jesús Penteado es un preso modelo, no es una exageración ni mucho menos. Es un hecho objetivo que se desprende de su legajo del Servicio Penitenciario Provincial y del concepto que goza por parte de las autoridades carcelarias, nada más y nada menos quienes lo observan comportarse todos los días.

Al respecto, el alcaide principal Diego Correa, director de la cárcel de Oberá, subrayó que

“Penteado es un excelente interno. En los años que lleva detenido nunca tuvo ningún problema ni fue sancionado, siempre respetó las reglas internas sin inconvenientes. Sale a trabajar al predio y nunca tuvo problemas con el personal, por eso goza del mejor de los conceptos. Tiene sus años, pero siempre está predispuesto a colaborar”.

Asimismo, contó que “siempre habla con nosotros y nos cuenta que no pierde la esperanza de irse porque ya cumplió su ciclo acá”.

Diego Correa, director de la cárcel de Oberá

En tal sentido, vale mencionar que la finalidad del tratamiento del Servicio Penitenciario es la reinserción social de toda persona privada de la libertad y la disminución de la reincidencia delictiva.

Por ello, el alcaide Correa agregó: “Para nosotros es importante que los internos puedan trabajar, estudiar y los evaluamos de diferentes maneras. Acá Penteado cumplió todos requisitos del tratamiento penitenciario. Institucionalmente hizo todo lo que tenía que hacer. Sólo faltaría un paso más, que es observarlo en un ámbito libre”.

Los crímenes: mató a su mamá y a una menor

Según el archivo del diario El Territorio, en marzo 1985 Penteado mató a su madre, Vergelina Medina (60). El hecho se registró en el paraje Machadiño, Arroyo del Medio, a unos diez kilómetros de Cerro Azul.

Según el expediente, el homicida confesó y argumentó que su progenitora no quería vender la chacra y por eso la asesinó de un hachazo y desechó el cuerpo en un pozo. En julio de 1985 una junta médica lo declaró inimputable, por lo que fue alojado en la cárcel de Loreto.

En tanto, en noviembre de 1992 el juez Correccional y de Menores N° 1 de Posadas, José Domingo Rotela, lo entregó en guarda de Pedro Galeano, quien a su vez había cumplido una condena de doce años por homicidio. Días después Galeano avisó que Penteado salió y no regresó al domicilio.

Oportunamente, el juez Rotela explicó que la excarcelación se basó en “su buena conducta en el penal y en un informe psiquiátrico favorable”, aunque reconoció que “fue una experiencia negativa”.

Recorte del diario El Territorio que recuerda el primer hecho

El segundo hecho

Norma Esther Sequeira tenía 16 años y residía con su familia en una chacra situada en el ex kilómetro 1265, Colonia Río Victoria, municipio de San Vicente. El 22 de abril de 1995 la joven se dirigió a la casa de su hermana Elva Rosa, ubicada a unos dos kilómetros.

En esa época no había celulares para avisar que se llegó bien, por lo que sus padres dieron por hecho que la menor pasó el fin de semana con su hermana mayor.

Pero el lunes 24, Elva Rosa llegó a la casa paterna de camino al pueblo y preguntó por Norma Esther. Fue el primer alerta, pero de entrada no pensaron lo peor.

En primera instancia, Zacarías Sequeira y Ema Antúnez -los progenitores- especularon que tal vez la chica estaba con algún noviecito; pero preguntaron a los vecinos y nadie la vio, por lo que acudieron a la Policía.

Su cadáver fue hallado el martes 25, sobre un pajonal al final de un rosado, no muy lejos de su casa. La víctima fue apuñalada y el cuerpo presentaba signos de abuso sexual. 

Juan Carlos Rolón, entonces de 19 años, fue detenido como sospechoso y se probó su responsabilidad en el hecho. Luego fue condenado a 15 años de prisión. 

Rolón implicó a Penteado, quien fue capturado el 7 de mayo de 1995. Ese día en San Vicente hubo una pueblada porque querían linchar a los acusados, por lo cual la Policía tuvo que reforzar la custodia de la comisaría local.

En 1995 volvió a ser noticia

(Fotos Alexander Wereszczuk)

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