Caso Marco: gitanos, muerte y “tribunal” del prejuicio, triste combo en la capital Nacional del Inmigrante
Daniel Marco tenía 50 años, una esposa, tres hijos. Todos vivían bajo el mismo techo y llevaban adelante una empresa familiar de venta de camiones. Hoy la familia llora su muerte, trágico final a manos de un médico, justamente alguien que juró salvar vidas. Horrenda paradoja.
El 26 de diciembre, antes del mediodía, el cirujano Ernesto Ramp (55) llegó al local con intención de cobrar un saldo de 1500 dólares por la venta de un camión. El desenlace es conocido: Ramp apuñaló a los tres -al padre y sus hijos-, pero hirió de muerte a Daniel, que agonizó cinco días y falleció.
Si bien el médico declaró que se defendió, hasta ahora ninguna prueba avala su versión y todo indica que sucedió como dijeron los hijos de Marco: Ramp llegó con el cuchillo decidido a lastimar. El mismo Ramp que figura en otros expedientes, ojo.
Un dato es incontrastable: los dos jóvenes resultaron lesionados y su papá perdió la vida. Al contrario, el médico no sufrió ningún rasguño. Ah, y reconoció que después del hecho tiró el cuchillo y vendió el auto, que no aparece. Y por eso está preso acusado de homicidio. Ahora vendrá un largo proceso y definirá la justicia.

En cambio, para el “tribunal” del prejuicio, por el sólo hecho de ser gitano, Marco es el culpable. Con ese criterio, aquel que tuvo una mala experiencia con un polaco, un italiano, un japonés, un alemán, un ruso, un ucraniano, un paraguayo, un boliviano, un brasilero… para ese, todos los polacos, italianos, etc son lo mismo.
O con un cristiano, un evangélico, un ateo; un kirchnerista, un libertario; un policía, un político, un médico, un periodista… Qué chiquito de mente que hay que ser para generalizar, para poner a todos en la misma bolsa. Para colmo en Oberá, el “crisol de razas”, “la ciudad de la Paz y de las 300 iglesias”, “capital Nacional del Inmigrante”.
Los Marco viven y trabajan en Oberá y hoy lloran el asesinato de un marido y padre. Y son gitanos, sí, lo cual no es igual que presunción de culpabilidad, le pese a quien le pese. Insisto, decidirá la justicia. Pero cuanto nos falta como sociedad. Muchísimo!
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