“Falta poco. Será justicia”: reveladoras declaraciones del hermano de Mario Golemba al cumplirse 18 años de su desaparición
A Mario Golemba lo desapareció la Policía de Misiones, ya nadie duda de eso. Vio algo que no tenía que ver, o lo confundieron con alguien, y lo hicieron desaparecer. Eliezer Golemba destacó que “pueblo misionero mantuvo intacta la memoria del caso, hoy puedo afirmar que el tiempo del silencio se está terminando. Falta poco. Será justicia”
Mario Fabián Golemba tenía 27 años cuando desapareció, el 27 de marzo de 2008. Este viernes se cumplirán 18 años de aquella mañana que se despidió de su familia, en Picada Indumar, Dos de Mayo, desde donde viajó a Oberá para una consulta con un nutricionista. Fue la última vez que lo vieron.
Son 18 años de angustia, de llanto, de impotencia. 18 años de trajinar juzgados, de pedir respuestas, de implorar justicia, de añorar abrazos.
A Mario lo desapareció la Policía de Misiones, ya nadie duda de eso. Vio algo que no tenía que ver, o lo confundieron con alguien, y lo hicieron desaparecer.
Dos hombres que estaban detenidos en la comisaría de Dos de Mayo declararon en sede judicial que en la noche del 27 de marzo de 2008 lo vieron esposado, rogando por su familia, diciendo que era inocente.

Hoy, en vísperas de cumplirse 18 años de la desaparición forzada de Mario, su hermano Eliezer grabó un video donde anunció que “pronto la justicia ordenará las medidas necesarias para esclarecer esta historia. El tiempo del silencio se está terminando. Falta poco. Será justicia”.
Y no es una declaración de intenciones, una forma de mantener el caso en agenda y sostener el reclamo. Es una afirmación fundada en el expediente.
La causa de Mario Golemba no es un póster que se renueva cada año: es un genuino clamor que surge de la necesidad de justicia, de saber qué le hicieron. Por qué tanto dolor, quién avaló la impunidad.
Le tocó a Mario, pero podría ser el hijo de cualquier misionero, o un padre o un hermano o un amigo.
“Papá tenía razón”
Tras años de negligencia, tal vez complicidad, el expediente se cajoneó en el Juzgado de Instrucción Uno de Oberá, a pesar de las pruebas que alumbraban la verdad escondida.
Eliezer creció -tenía 14 cuando desparecieron a Mario- y encarnó el legado de su papá, don Antonio, que se murió de tristeza, pidiendo respuestas.
La causa se traslado al fuero federal, en Posadas, y avanzó. No muy rápido, pero trabajaron. Hoy, Eliezer contó que el expediente avanza y que habrá novedades.
“Se cumplen 18 años sin Mario, pero a diferencia de años anteriores, hoy sabemos qué pasó. Hoy conocemos la verdad. Nunca fue un capricho: papá tenía razón. A Mario no se lo tragó la tierra. A Mario lo secuestraron. A Mario lo desaparecieron”, remarcó con la convicción que forja el dolor.

Subrayó que “la justicia Federal hizo lo que la Justicia provincial no quiso hacer”, al tiempo que destacó que el “pueblo misionero mantuvo intacta la memoria del caso, hoy puedo afirmar que el tiempo del silencio se está terminando. Falta poco. Será justicia”.
Al respecto, por lógica del proceso penal en marcha, el paso que sigue es la citación a indagatoria de los sospechosos.
Vieron a Mario en la comisaría
La siguiente es parte de la declaración de los testigos que vieron a Mario Golemba en la comisaría de Dos de Mayo la noche del 27 de marzo de 2008.
“Una noche a eso de la nueve le traen a un muchacho esposado con las manos en la espalda pero no le hacen entrar al calabozo, le dejan al lado de la puerta y le reconozco como a Mario Golemba. Él también me reconoció y me dijo: ‘hola Ramón, podés sacar mi celular yo te voy a dar el número para que llames a mi gente’, el celular lo tenía en el bolsillo de adelante del pantalón y no podía sacar porque estaba esposado con las manos atrás. No llegué a sacar el celular porque cuando estaba por meter la mano para sacarlo vinieron dos policías y le llevaron a otro lugar”.
Así comenzó la declaración testimonial de Ramón Domingo Olivera (entonces de 29 años), el 28 de abril de 2009, ante la entonces jueza de Instrucción Uno de Oberá, Alba Kunzmann de Gauchat.
Se habían cumplido trece meses de la desaparición de Golemba cuando dos internos de la Unidad Penal II de Oberá -el citado Olivera y Vas Carlos Almeida (61)- se animaron a contar que en marzo del año anterior lo vieron esposado en la comisaría de Dos de Mayo.
Pero la justicia provincial desestimó el aporte de Olivera y Almeida y el expediente quedó encajonado trece años como una simple desaparición.

“Dijo soy Mario Golemba”
Luego de contar que vio a Mario Golemba esposado en el pasillo que da a la celda de la comisaría de Dos de Mayo, de donde lo sacaron cuando pidió ayuda para llamar a su familia, Olivera relató: “A las dos horas por ahí, ya estaba acostado y durmiendo, vino el jefe (Ewaldo) Katz abrió la puerta del calabozo y me llamó, me dijo vení. Me llevó a una pieza al lado de la guardia de la comisaría y me empezó a pegar”.
“Me dijo ‘vos tenés que contar de un caso de robo’ que supuestamente había pasado un tiempo antes, pero cuando pasó eso yo ya estaba detenido. Y me preguntaba si conocía el nombre del muchacho que estaba ahí, por Golemba. De ahí me llevaron a la pieza adonde está la radio de comunicaciones, que queda en la parte de atrás de la comisaría y cuando pasé yendo para allá le vi a Golemba que estaba boca abajo en el piso de una camioneta de la policía, de esas de las nuevas, esposado para atrás estaba. Y tenía tapada la cabeza con algo negro, no sé si una bolsa o qué. La camioneta estaba en el garage de la comisaría, también en la parte de atrás”, indicó.
Y agregó: “Cuando yo estaba adentro de la piecita de radio escuché que le pegaban y que él decía ‘por qué me pegan si yo nunca hice nada para nadie’, también escuché que dijo que trabaja para la cooperativa de yerba y que todos lo conocen. Dijo soy Mario Golemba”.
Según su declaración, luego de alrededor de dos horas escuchó que la camioneta donde Golemba estaba esposado arrancó y partió, tras lo cual no volvió a verlo.

Segundo testigo
Por su parte, Vas Carlos Almeida precisó que estuvo detenido en la comisaría de Dos de Mayo desde el 2 de marzo de 2008.
Luego de unos días, no recordó la fecha precisa, pero sí que era de noche cuando “le traen a un muchacho que le pide a (Ramón Domingo) Olivera que le saque su celular porque quería llamar a su familia porque él estaba esposado con las manos en la espalda y no podía. Pero antes que Olivera vinieron policías y le llevaron a ese muchacho. Dos o tres horas más tarde vienen policías y le sacan a Olivera del calabozo. Después me contó que le encapucharon y le pusieron boca abajo en una camioneta y no sabe dónde le llevaron y le pegaron a él y al otro muchacho. Que a Olivera le decían que tenía que saber de un robo en Puerto Rico o Jardín América, algo así”.
Mencionó que su compañero de celda le dijo que los policías golpearon a Golemba, quien decía “no me peguen, yo no tengo nada que ver, yo soy Mario Golemba”.
“Al rato Olivera escuchó que esa persona gritó y no le escuchó más. A Olivera le pegaron unas trompadas más hasta que escuchó que los policías dijeron ‘vamos a llevarle nomás’. Cuando volvió al calabozo se veía que estaba golpeado y dolorido. Y al rato, cosa que me pareció rara, le alcanzaron agua caliente para que tome mate. A la otra persona no se la volvió a ver más”, detalló en sede judicial.
Almeida señaló que conocía a Golemba de vista porque trabajaba en la cooperativa de yerba de Dos de Mayo, donde compró varias veces.
Además, reconoció que en principio tuvo temor de contar lo que sabía, pero se animó a hablar porque las autoridades carcelarias le brindaron tranquilidad al respecto.
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