Don Antonio Golemba murió de tristeza, pero tenía razón
Esta crónica se ilustra con las fotos que les tomé a don Antonio Golemba y a su esposa Irma Komka el 24 de junio de 2008, cuando llegaron a Oberá buscando datos para dar con su hijo Mario Fabián Golemba. Los recuerdos y la lucha de un padre que se murió de tristeza, pero tenía razón
Lo conocí la fría mañana del 24 de junio de 2008. Faltaban tres días para que se cumplieran tres meses de la desaparición de su hijo mayor, Mario Fabián Golemba. Me impactó la tristeza de su mirada. Es que él sabía que Mario no se fue porque quiso, y presentía lo peor.
“La desesperación y la angustia son hoy nuestras únicas compañeras”, reconoció don Antonio Golemba en esa primera entrevista que hicimos para el diario El Territorio. Lo acompañaba su esposa Irma Komka.
Charlamos en la plazoleta ubicada frente a la Unidad Regional II de Policía, hasta donde llegó en busca de respuestas. En ese lugar les tomé las dos fotos que ilustran esta crónica.
Mario desapareció el 27 de marzo de 2008, cuando salió de su casa, en Picada Indumar, Dos de Mayo, para una consulta con una nutricionista en Oberá. Tenía 27 años, era de contextura delgada y quería ganar unos kilos. Entre sus planes estaba casarse.
Alrededor de las 10.30 fue atendido por la profesional. Después envió mensajes a sus padres y a su novia Angélica. A las 14.43 mandó el último texto, cuando avisó que llegaría de tardecita. Nunca más supieron nada de él.
En el medio se tejieron varias hipótesis, pero la familia siempre sospechó del accionar policial, sobre todo a partir del testimonio de dos hombres que declararon que la noche del 27 de marzo de 2008 vieron a Mario esposado en la comisaría de Dos de Mayo.

El dolor de la ausencia
En marzo de 2015 visité a don Antonio y doña Irma en la chacra. Él estaba desmejorado, casi no almorzó.
“Parece que le veo ahí -señaló don Antonio en el frente del corredor-, cuando Mario terminó la secundaria y me preguntó si podría seguir estudiando. Me dijo: ‘papi, si conseguimos una pieza para quedarme vos me das una caja de grasa y una bolsa de poroto por mes que yo me arreglo’, pero en esa época estábamos mal y no pudo estudiar el Profesorado de Historia que tanto quería”, comentó emocionado.
Por esos vaivenes de la economía, donde los pequeños productores son siempre la variable de ajuste, Mario no pudo asistir a la universidad y tuvo que trabajar desde joven. Al momento de su desaparición se desempeñaba en la Cooperativa Dos de Mayo Limitada, donde era muy apreciado por ser cumplidor y buena gente.
Lo recordaron como apasionado por la lectura y músico autodidacta, tocaba la guitarra y cantaba en el coro de su iglesia. Era muy compañero de sus padres. Cómo no sentir tanta ausencia.
Don Antonio relató una anécdota que pinta de cuerpo entero a Mario, quien vendió su moto para comprarle una máquina podadora a su papá.
“Yo ponía herbicidas para desmalezar los yerbales y él no quería, decía que era malo para mi salud y que arruinaba el suelo. Un día, sin decirme nada, vendió la moto y con esa plata me compró una motoguadaña para que no tenga que usar más herbicidas”, recordó con la mirada triste

Recompensa y olvido
Tras la desaparición de Mario Golemba, el entonces gobernador Maurice Closs anunció una recompensa de 100 mil pesos para quien aporte datos que permitan dar con el paradero del muchacho.
Pero la situación cambió de manera rotunda a partir del testimonio de dos detenidos que declararon que el día de la desaparición -el 27 de marzo- vieron cuando efectivos de la comisaría de Dos de Mayo tenían esposado a Mario.
Escucharon que lo golpeaban y que él decía que no había hecho nada. Luego lo subieron a un móvil y no supieron más de él.
Ambos testimonios fueron incorporados al expediente que durante años durmió en Juzgado de Instrucción Uno de Oberá, entonces a cargo de la jueza Alba Kunzmann de Gauchat, quien al igual que el fiscal Elías Bys (que sigue en el cargo) siempre trató el caso como una “desaparición de persona”. Como que Mario se fue porque quiso.
A partir del testimonio de los testigos, el entontes ministro de Gobierno Jorge Franco removió al jefe Evaldo Katz y al personal de la comisaría de Dos de Mayo, los cuales fueron asignados a otros destinos. En tanto, las autoridades provinciales no volvieron a recibir a la familia Golemba, contó don Antonio.

La voz de Mario
Los padres de Mario se entrevistaron varias veces con los dos testigos que declararon que lo vieron en la comisaría de Dos de Mayo, la misma noche que desapareció.
“Me quedó grabado que uno de ellos nos contó que Mario les decía a los policías: ‘por qué me hacen esto, si yo no le hice mal a nadie’, que es una frase que él decía siempre. Por ejemplo, yo le decía que guarde la bici, y me contestaba: ‘para qué mami, si yo no le hice mal a nadie, no me van a hacer nada a mí’. Por eso, cuando escuché esa frase, me vino la imagen de Mario”, relató doña Irma.
A su lado, don Antonio recordó: “Las tres veces que hablé con ellos personalmente en la cárcel me dio la impresión de que decían la verdad, fueron testimonios muy coherentes y sin contradicciones. Cada uno por separado cuenta lo mismo. Ellos dicen que vieron a Mario llegar esposado, uno de ellos lo conocía de la cooperativa de yerba de Indumar. Dice que lo golpearon y que después pudo ver cómo se llevaban a Mario en una camioneta”.
Como si fuera hoy, recuerdo que me dijo “lo peor es no saber dónde está, porque ni siquiera le podés llevar una flor”.
Recién en junio de 2021, a pedido de la querella que representa a la familia, el caso pasó a la Justicia Federal y comenzó a investigarse como “desaparición forzada de persona”.
En ese marco y tras recopilar gran cantidad de pruebas, ayer fueron imputados 17 policías y ex policías, de los cuales 16 fueron detenidos y uno permanece prófugo.
Don Antonio falleció el 24 de abril de 2016, consumido por la tristeza, pero tenía razón.
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