Entre descuidos y olvidos, la doble moral de Diego Hartfield: síntesis del libreto libertario
Diego Hartfield gozó de una beca deportiva por dos años, pero ahora niega apoyo a los clubes de barrio, siendo que se formó en el Oberá Tenis Club, donde también integró la comisión. Su postura actual devela una doble moral: si a mi me sirve, está bien; si no, son planeros, vagos, la casta. Más que incoherencia, hijaputez
En las últimas semanas, el diputado nacional de La Libertad Avanza (LLA) Diego Hartdfield se vio involucrado en situaciones que despertaron repudio e indignación en partes iguales. Primero se mostró muy afectuoso con un ex subcomisario de la Policía de Misiones condenado por contrabando de soja. Ocurre que Francisco Morel se anotó en la “escuela de dirigentes” libertarios de Oberá y se lo vio a los abrazos con Hartfield, quien publicó fotos en sus redes.
En su defensa, el diputado argumentó que no conocía a Morel. Raro, si se tiene en cuenta lo amigable que se mostraron en público. Bueno, digamos que fue un descuido.
Ahora, el legislador nacional apareció en todos los medios, y no por alguna gran iniciativa, sino por su intervención en la Comisión de Deportes de Diputados, donde defendió el ajuste del Gobierno de Milei y la reducción de la asistencia estatal a los clubes.
“Solo quiero aclarar, que lamentablemente, nuestra postura de tener las cuentas públicas ordenadas es clara… Entendemos que pueden estar pasando por momentos difíciles, y eso se entiende. Lamentablemente, vivir de subsidios puede tener sus costos”, argumentó.
Los reproches a su visión no se hicieron esperar y le recordaron que él mismo estuvo dos años becado en el Centro Nacional de Alta Rendimiento Deportivo (CENARD), lo que fue clave para su desarrollo y le permitió avanzar al tenis profesional. Pichado ante la evidencia de su incoherencia, Hartfield abandonó la sala.
Niega a otros la posibilidad que tuvo
La postura fría y calculadora del ex tenista es la síntesis del libreto libertario: que cada cual se salve como pueda. Pero que lo diga él también devela su doble moral: si a mi me sirve, está bien; si no, son planeros, vagos, la casta.
Hartfield se formó en el Oberá Tenis Club (OTC), un club de barrio como tantos que contienen, enseñan y forjan valores. También integró la comisión directiva de OTC en el período 2018-2020, gestión que recibió recursos del estado provincial, obviamente.
Y otra vez: si me conviene a mí, a mi club, está bien; si no, es desordenar las cuentas públicas. Más que incoherencia, hijaputez.
Hasta el cine nacional, con Luna de Avellaneda, contó cómo se lucha para sostener un club de barrio, la hazaña que significa en tiempos de crisis como este.
A ver diputado, usted lo sabe bien: la plata que reciben los clubes se reinvierte en contener a la gurisada y en tratar de alejarlos de las cosas malas, que cada vez hay más. Y si sabe eso, ¿por qué les niega la posibilidad a nuestros chicos? Posibilidad que usted tuvo.
Ahora ostenta un cargo público y gana buena plata para legislar por todos, no sólo por lo que le conviene.
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