Inauguraron plazoleta en homenaje a Juan de la Cruz Rodríguez, policía fallecido en cumplimiento del deber
El 21 de diciembre de 2003, el sargento de Policía Juan de la Cruz Rodríguez (31) perdió la vida en medio de un enfrentamiento con Basilio Bustamante (32), delincuente con prontuario que también falleció ese día.
Hoy, a casi 23 años del hecho, por una iniciativa de la comisión vecinal de Villa Barreyro, se inauguró una plazoleta en homenaje a Rodríguez, sobre avenida Gendarmería Nacional.
Participaron familiares -entre ellos Lucas, uno de hijos y quien heredó la vocación policial-, además de camaradas y autoridades. En la ocasión se descubrieron un cartel identificatorio y una placa con una breve reseña, y plantaron un árbol nativo.

Un héroe de acá
Domingo 21 de diciembre de 2003, ya temprano el calor y la humedad presagiaban una jornada agobiante y pesados nubarrones anunciaban lluvia en Oberá. Lo que nadie auguró fue la tragedia que se avecinaba, la balacera que inició un delincuente con prontuario y que se cobró dos vidas: la del propio pistolero y la de un policía que murió como un héroe cubriendo a sus camaradas.
De un lado Basilio Bustamante, camorrero y malacostumbrado a llevarse todo por delante, quien hasta pocos días antes había estado preso por robo, como otras tantas veces.
En el extremo opuesto el sargento Juan de la Cruz Rodríguez, padre de tres chicos, funcionario dedicado y uno de los iniciadores del Grupo de Operaciones Especiales (GOE) de la Unidad Regional II.
El destino los cruzó aquel trágico domingo de hace ya dos décadas, todo por la malicia de Bustamante, que a eso de las 7.55 comenzó a increpar a otro policía que esperaba el colectivo urbano en la parada de avenida Yerbal Viejo y calle Casco Romano, en el barrio Cien Hectáreas de Oberá, a metros del Club Ex Alumnos 185.
Primero fueron insultos y amenazas, típico del pendenciero que era el exrecluso, aunque el uniformado -que se dirigía a trabajar- ni siquiera le respondió para no agravar la situación.
Tampoco habrá imaginado la secuencia que seguiría: apenas el colectivo se detuvo en la parada, Bustamante empuñó una escopeta recortada que tenía escondida y disparó contra el transporte de pasajeros. De milagro no lastimó a nadie.
Esa acción demencial, propia de un criminal sin remedio, inició un delirio que se extendió por más de siete horas entre tiros, negociaciones frustradas y un saldo fatal de dos muertos.

Murió cubriendo a sus camaradas
Tras disparar contra el colectivo, Basilio Bustamante corrió unos metros y se atrincheró en la propiedad de su hermano. En la planta baja había un bar y arriba la casa.
El policía agredido solicitó refuerzos y Juan de la Cruz Rodríguez fue uno de los primeros efectivos en llegar al lugar del hecho.
El episodio tuvo en vilo a toda la comunidad, ya que Bustamante se atrincheró por más de siete horas. Ni el ruego de sus familiares lo hizo entrar en razón y se resistió hasta la muerte.
Es que sabía que luego de disparar contra un colectivo urbano no tenía chances de esquivar la cárcel, un lugar que conocía bien y al cual no quería volver porque se había hecho de muchos enemigos, buscapleitos como era, lo que se potenciaba cuando tomaba.
Así que se refugió en la propiedad de su hermano con la escopeta recortada en mano. Enseguida la Policía rodeó la vivienda para evitar que el malviviente pueda escapar por los terrenos linderos.
Las horas pasaban y Bustamante no daba indicios de tener intenciones de entregarse. Era pasado el mediodía y se abatió una torrencial lluvia, circunstancia que aprovechó para trepar al techo y comprobó que realmente estaba rodeado por las autoridades.
Lejos de rendirse, efectuó un disparo y volvió a meterse en la casa. Minutos más tarde se asomó otra vez y apretó el gatillo, señal de que estaba descontrolado.
Tras los gritos y corridas, una tensa calma que se extendió por un par de horas. La Policía, además de rodear al delincuente, debía preservar la seguridad de la zona.
Apenas pasadas las 15, Bustamante volvió a colarse en el techo y disparó. Esta vez una bala hirió de muerte a Juan de la Cruz Rodríguez, que se desplomó en el patio de una casa vecina desde donde cubría a sus camaradas que buscaban acercarse al tirador. El disparo le impactó en la cabeza y le costó la vida.
Lo que siguió fue una balacera que concluyó con Bustamante herido de un tiro en el abdomen, lo que horas más tarde derivó en su deceso en el Hospital Samic de Oberá.
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