«Es triste que hayan tenido que morir tantas personas para empezar a valorar el trabajo del tarefero»

Se cumplen diez años de la tragedia de los tareferos en Salto Encantado, accidente que se cobró las vidas de ocho personas, entre ellos tres menores. “Todos los fallecidos eran del barrio, por eso fue una tragedia que nos golpeó mucho. Todos amigos y vecinos”, recordó Jorge Da Silva Rodríguez, padre de una de las víctimas

En los últimos años la vida le puso varias zancadillas a Jorge Da Silva Rodríguez (54). En 2020 padeció un grave accidente en el aserradero donde trabaja y permaneció dos semanas en terapia intensiva, pero se recuperó; luego, ya a principios de este año, su esposa falleció por una afección cardíaca.


En tanto, hoy se cumplen diez años del trágico deceso de su hijo Lucas, quien perdió la vida a los 14 años en el recordado accidente del camión que transportaba tareferos y despistó cerca del acceso al Parque Salto Encantado, sobre ruta Provincial 220, en un tramo que entonces estaba siendo asfaltado.

Precisamente, aquel desastre que se cobró la vida de ocho personas, entre ellos tres menores de edad, derivó en la instauración del 17 de junio como el Día Nacional del Tarefero, establecido por Ley 27.104.

“Además de rendir homenaje a los tareferos muertos el 17 de junio, rinde homenaje también a todos los tareferos del país que día a día ponen el cuerpo y su fuerza de trabajo, en las peores condiciones laborales, para ofrecer a los argentinos una infusión típica y tradicional de nuestro ser nacional”, se cita en los fundamentos de la citada Ley.

Al respecto, Da Silva Rodríguez reflexionó “es triste que hayan tenido que morir tantas personas, entre ellos gurisadas, para empezar a valorar el trabajo del tarefero. Mi gurí tenía 14 años, toda la vida por delante. Y no hay homenaje ni nada que lo traiga de vuelta”.

Reconoció que el único consuelo es que ya casi no se ven tareferos en las planchadas de los camiones, como viajaron su hijo y sus compañeros el día de la tragedia.  

“Se podría haber evitado”

Da Silva Rodríguez recordó en 2013 los controles eran limitados, a pesar de que ya operaban prohibiciones a prácticas muy arraigadas en el sector, como el traslado de los peones rurales sobre las cargas de yerba y el trabajo infantil.

El primer quiebre en la legislación comenzó a darse luego del accidente de Colonia Aurora, el 2 de octubre del 2000, siniestro que se cobró la vida de cuatro tareferos.

“Yo laburé en la tarefa muchos años, hasta que empecé en el aserradero. Cuando pasó el primer accidente empezaron las prohibiciones, pero se controlaba poco y nada. Acá en el barrio entraban de a seis camiones y la gente subía en la planchada; y después pasaban frente a la comisaría y no pasaba nada. Por eso pienso que se podría haber evitado tanto dolor”, subrayó con tristeza durante la charla en su casa del barrio Evita, en Villa Bonita.

Mencionó que tuvo diez hijos y si bien siempre pudo “parar la olla”, en un momento Lucas quiso aprender a tarefear para ganarse su plata y fue con amigos a su primer campamento.

“En total, por lo que sé, fue tres veces y la tercera pasó el accidente. Yo ya le había dicho que no vaya, pero resulta que sacó un vale de 150 pesos adelantado y medio que le presionaron para que vaya. Él se fue sin permiso, cosa de gurisada; pero los grandes sabían que era una criatura y le llevaron junto igual”, lamentó.

El dolor se hace mueca en el rostro de Da Silva Rodríguez al rememorar los detalles del caso, de cómo se enteró del siniestro y los trámites posteriores.

Además de su hijo Lucas, el hecho costó las vidas de Fabián Da Silva (23), Fernando Piñeiro (13) y su papá José Francisco Piñero (42); Edgar Ferreira (17), Luis Godoy (33), Miguel Miranda (55) y su hijo Hugo Franco (33).

“Todos los fallecidos eran del barrio, por eso fue una tragedia que nos golpeó mucho. Todos amigos y vecinos. Fue demasiado”, agregó.

El accidente se cobró 8 vidas

Menos tareferos

Según Da Silva Rodríguez, actualmente los contratistas trasladan al personal en colectivos o combis, tal como indica la legislación vigente, al menos es lo que observa en el barrio Evita.

De todas formas, opinó que “ya no hay tantos tareferos como hace diez años, capaz porque el gobierno ayuda más y casi todos tiene algún sueldo. Antes entraban de a seis a ocho camiones a buscar la gente, pero ahora hay semanas que no entra ni un colectivo”.

Además de instaurarse el 17 de junio como Día Nacional del Tarefero, por su parte el estado provincial fijó una pensión que alcanza a los deudos de los fallecidos y a las víctimas que padecieron secuelas, montó que actualmente asciende a 23 mil pesos por mes.

“No es por la plata, porque nada compensa la muerte de un hijo, pero al menos las autoridades dan una ayuda por todo lo que pasó. En cambio la justicia ni siquiera nos informó en qué quedó la causa. Lo único que sabemos es que el chofer fue condenado a tres años. Después se mudó de acá y no supimos nada más”, mencionó con resignación.

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