Una relación homosexual prohibida derivó en el triple homicidio de una madre y dos criaturas en Oberá y hoy el asesino goza de salidas transitorias

Hace 25 años, Pedro Luis Vieira Duarte asesinó a una mujer y a dos menores. Los detalles del crimen son terroríficos. El homicida permanece alojado en la cárcel de Oberá, pero goza de salidas transitorias de 24 horas cada dos semanas

El próximo 28 de octubre se cumplirán 25 años de uno de los hechos más horrendos de la historia criminal de Oberá y la provincia de Misiones: el triple homicidio de María Cecilia Banchero (29) y de sus hijos Julieta (8) y Sebastián Di Liscia (12).


Según determinó el informe forense, los menores fueron apuñalados y degollados, y la madre fue ultimada a martillazos y cuchilladas. Luego los tres cuerpos fueron lanzados al pozo de la casa que habitaban las víctimas. La autopsia confirmó que al caer al agua la pequeña aún estaba con vida.

Si bien el primer sospechoso y detenido fue Fernando Zarke, concubino de Banchero y padrastro de sus tres hijos mayores, las pesquisas determinaron que el autor material del hecho fue Pedro Luis Vieira Duarte (50), quien entonces tenía 25 años.

Pero el asesino no actuó solo y contó con un cómplice impensado, Matías Di Liscia, de apenas 11 años, hijo y hermano de las víctimas. El menor resultó inimputable y fue entregado a familiares de Buenos Aires.

En el juicio se mencionó que los autores del hecho mantenían una relación homosexual, lo que habría motivado el crimen por la imposibilidad sostener el vínculo entre un adulto y un menor.

Vieira Duarte fue hallado culpable y sentenciado a prisión perpetua bajo el antiguo régimen que preveía una pena de 25 años, por lo que al cumplir 20 tras las rejas inició los trámites para acceder al período de prueba.

Vieira Duarte ya cumplió 50 años

En 2018 gozó de algunas salidas transitorias que luego fueron suspendidas por un informe adverso de los peritos psicólogos y psiquiatras. En tanto, en 2019 el Tribunal Penal Uno de Oberá rechazó el pedido de libertad condicional.

De todas formas, tras nuevas pericias Vieira Duarte fue reincorporado al periodo de prueba con salidas transitorias de 24 horas, beneficio que se halla vigente.

En consecuencia, cada dos semanas abandona la cárcel de Oberá y se aloja en casa de su familia en Villa Ruff, a pocas cuadras del lugar donde asesinó a sus víctimas.   

Baño de sangre

Pedro Luis Vieira Duarte lleva la mitad de su vida tras las rejas, ya que fue detenido a los 25 años y en el pasado mes de abril cumplió 50.

Al momento de su detención trabajaba como ayudante de albañil y changarín, y no había terminado la escuela primaria. Gozaba de buen concepto entre sus vecinos y no poseía antecedentes penales. Nadie pensaba que sería capaz de hacer lo que hizo.  

Con relación al triple homicidio -perpetrado la noche del 28 de octubre de 1997 en una vivienda de calles Tartagal y Goya, en Villa Mosquere de Oberá-, se estableció que María Cecilia Banchero y Fernando Zarke (entonces de 30 años) dejaron a los menores en compañía de Vieira Duarte, quien se había hecho muy amigo del nene de 11 años.

La mujer y su concubino eran oriundos de Buenos Aires y desde hacía cuatro años residían en Oberá, donde fabricaban y vendían artesanías.  

Banchero tenía tres hijos de una relación previa y con Zarke tuvo otras dos criaturas, las que el momento de la masacre tenían uno y tres años. Esa noche la pareja salió y llevó consigo a los dos más chicos, circunstancia que les habría salvado la vida.

Según se probó en el juicio, Vieira Duarte ahorcó primero a Sebastián y después a la pequeña Julieta, que dormía en la cama de abajo de la misma cucheta que su hermano mayor.

Los cuerpos fueron arrojados a un pozo

Después instó a Matías para que apuñale a su hermanita, tras lo cual el mayor hizo lo mismo con Sebastián, a quien le propinó varias puñaladas. Luego degollaron a las dos criaturas y las taparon con sábanas en sus propias camas.

Banchero llegó casi a media noche y fue a ver a sus hijos, que supuestamente dormían, cuando Vieira Duarte aprovechó para acercarse por detrás y asestarle un martillazo en la cabeza.

La remató a puñaladas y le cortó al cuello, como sus hijos, tras lo cual lanzó los cuerpos a un pozo ubicado en el mismo terreno. Zarke regresó de madrugada y no encontró a su concubina ni a dos de sus hijastros. Comenzó a revisar la casa y se encontró con el baño de sangre.

Trasfondo y confesión

En medio de la conmoción, cuando llegó la Policía, Matías dijo que su mamá y su padrastro discutieron y que el hombre la golpeó. Incluso, afirmó que le dijo que vaya a comprar cigarrillos y pan, y que si volvía sin el pedido lo iba a matar.

Los primeros dichos del menor, más la sangre que Zarke tenía en las manos y en un pañuelo que llevaba encima lo ubicaron como el principal sospechoso del crimen.

También se supo que el padrastro golpeaba a la mujer y a los chicos, al punto que la docente Isabel Aquino, de la Escuela 788, declaró que “a cierta hora, antes de la salida, los chicos se hacían pis encima”, al tiempo que reconoció sentirse arrepentida por no haber hecho más por ellos.

Pero con el transcurrir de los días se fue afianzando la coartada del padrastro, quien desde un primer momento aseguró que no tuvo nada que ver y que al volver a la casa se topó con la terrible escena.

La mentira planificada por los autores del hecho no tardó en desmoronarse. Ambos cayeron en contradicciones y terminaron confesando. Fuentes del caso recordaron que Vieira Duarte contó llorando los detalles del hecho. 

Vieira Duarte confesó el hecho

El juicio oral y público se concretó en septiembre 1998. Por su edad, Matías fue declarado inimputable y se mudó con familiares de Buenos Aires. Nunca más se supo nada de él en Oberá.

En el expediente se cita que ambos implicados reconocieron que mantuvieron relaciones sexuales. Se presume que la imposibilidad de blanquear una relación prohibida y penada por ley habría sido el motivo del horrendo crimen.  

Sobre Vieira Duarte, fuentes judiciales mencionaron que en la cárcel posee una conducta ejemplar, nunca fue sancionado y realiza tareas de mantenimiento y parquizado. Tampoco tuvo problemas en las salidas transitorias y hasta ahora siempre regresó en tiempo y forma.

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